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Es un aumento de volumen en la cavidad de la túnica vaginal cuyo origen es la falta
de obliteración del proceso vaginal o peritoneo vaginal. Este proceso debe
estar cerrado al nacer el niño o terminar de cerrarse en los primeros meses.
Cuando no lo hace, el líquido peritoneal desciende produciéndose lo que se
llama hidrocele comunicante, ya que el líquido sale hacia abajo durante el
día y vuelve a la cavidad peritoneal durante el reposo o el sueño.
Estos hidroceles son exactamente iguales que una hernia, la única diferencia es
que el saco contiene líquido en vez del contenido del intestino o epiplón de
la hernia. Este tipo de hidrocele debe ser operado en el momento que se diagnostique,
a cualquier edad.
Otro tipo de hidrocele que se puede ver desde el momento del nacimiento
y que no requiere intervención inmediata, es el llamado hidrocele tabicado
que puede tener dos localizaciones:
Abajo, en el escroto, llamado
hidrocele tabicado del testículo.
En el trayecto del cordón,
este último tipo es conocido impropiamente
desde tiempos inmemoriales como "Quistes del Cordón".
La explicación para la aparición de estos hidroceles tabicados en los recién
nacidos es que representan líquido que queda atrapado por un proceso de
obliteración parcial del conducto peritoneo vaginal.
El líquido así
atrapado puede reabsorberse, de tal manera que el hidrocele que está presente
en el momento del nacimiento puede ser observado sin cirugía por un período
hasta que el niño cumpla un (1) año.
En este tiempo el volumen puede disminuirse, el hidrocele desaparece y el
niño no requiere de intervención, pero también puede pasar que el hidrocele
aumente de volumen. En este caso se comprobaría que existe una comunicación
con el peritoneo y el niño debe operarse.
El tratamiento final es del dominio del cirujano pediatra, en cuyas manos
la intervención debe tener una duración máxima entre 15 y 20 minutos, la
intervención requiere de anestesia general y el lapso de hospitalización
es de una noche, máximo dos.

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