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La gíngivoestomatitis herpética es una infección originada por el virus herpes simplex
y que afecta la boca, la garganta y ciertas zonas de la cara. Puede presentarse en la
infancia; generalmente entre los 6 meses y los 5 años de edad; sin embargo, también
afecta a niños mayores y adultos. Un niño que ha adquirido la infección por herpes,
llevará el virus de por vida. El virus puede reaparecer años después en los labios
produciendo "calenturas".
El virus se contagia por contacto directo con saliva o secreciones infectadas,
generalmente al besarse, o al compartir utensilios de comer. Aunque la persona que
trasmite el virus puede tener un herpes labial (calentura), en la mayoría de los casos
no presenta síntoma alguno. La enfermedad suele comenzar de 2 a 12 días después de la
exposición a la enfermedad.
La mayoría de los niños que tienen infección por herpes se encuentran sin síntomas o
tienen dolor de garganta leve y algunas lesiones (pupas/fuegos) en la boca.
En los casos más graves, tienen erosiones y úlceras en toda la boca, desde los labios,
lengua y carrillos hasta la parte posterior de la garganta. Las encías están generalmente
inflamadas y enrojecidas y pueden sangrar fácilmente.
Los niños suelen tener fiebre alta (38.8-40ºC), dolor intenso en la boca y
dificultad para tragar. Están irritables durante el día y no descansan bien
por la noche. También es frecuente la falta de apetito, dolor de cabeza y que
tengan mal aliento. Los ganglios del cuello pueden estar inflamados y dolorosos.
Cuando el virus se extiende a través de la saliva o las manos a otras partes del
cuerpo, las lesiones, pequeñas úlceras o pequeñas ampollas, pueden aparecer en
la cara, en las manos, e incluso muy raramente en los genitales.
La fiebre generalmente dura a 4 a 7 días; la duración total de la enfermedad
es de 10 a 14 días. El aspecto más importante del tratamiento es procurar que
su hijo beba en abundancia debido a que la fiebre aumenta las necesidades de
líquido. Líquidos suaves como zumo de manzana, gelatinas, o un caldo templado
son los que generalmente resultan más fáciles de tomar.
Un sorbete también alivia las molestias. Evite los zumos ácidos y las comidas
saladas o picantes. Si su hijo está severamente afectado, su médico puede usar
suero intravenoso para tratar la deshidratación.
Usted puede usar acetaminofén para fiebre mayor de 38.3ºC y para calmar el
dolor. Su médico puede prescribirle un calmante más fuerte si lo cree
necesario.Las medicinas que disminuyen la sensibilidad de la boca como
lidocaína u otros anestésicos tópicos tiene un efecto muy breve. Además,
al disminuir la sensación de la boca pueden hacer que su hijo se lesione
aún más las zonas previamente dañadas.
Los antibióticos no sirven para tratar esta infección. Hay ciertos medicamentos
antivirales que pueden en ciertos casos ser eficaces disminuyendo el tiempo de
duración de la enfermedad. Su hijo puede decidir su nivel de actividad .Los niños
con herpes bucal son contagiosos hasta que todas las lesiones de la boca
desaparecen y todas las ampollas de la piel se han secado y cubierto de
costras.
Los otros niños y adultos deben evitar en lo posible el contacto con las
lesiones y saliva. Si el contacto se produce, la zona debe lavarse con
agua abundante y jabón. Los utensilios de comer, tazas, toallas, almohadas
y ropa de cama no deben compartirse hasta lavarlos muy bien con agua
caliente y jabón.
El niño enfermo no debe entrar en contacto con: bebés menores de un mes;
personas en tratamiento con esteroides o quimioterapia; personas con
problemas de resistencia a las infecciones (problemas de inmunidad,
cáncer, o síndrome de inmunodeficiencia adquirida); o personas con
enfermedades crónicas de la piel.
Su hijo puede volver a la escuela o guardería cuando la fiebre haya
desaparecido y las lesiones
de la boca se hayan curado. Los niños con herpes labial
recurrente no deben ser excluidos de las
actividades de grupo pero deben evitar el compartir utensilios.

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