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La Fertilidad
Cada ciclo menstrual comprende aproximadamente 4 semanas.
Este período, puede dividirse en tres fases: folicular,
ovulatoria y luteal. El primer día de la menstruación es
considerado el primer día del ciclo. Mensualmente, la glándula
pituitaria secreta una hormona que es conducida a los ovarios
por el torrente sanguíneo. Los ovarios responden a la estimulación
incrementando la producción de estrógenos, la hormona sexual femenina.
La fase folicular ocurre entre los días 10 a 14 del ciclo, durante
la cual un folículo dominante, va creciendo, produce estrógenos y
dentro de él va madurando un óvulo. Esta fase concluye con la ovulación:
la liberación del óvulo de la cápsula que lo contiene que es el folículo.
Una mujer reconoce que la ovulación se está aproximando, porque su moco
vaginal se vuelve más copioso. Este moco se produce en el cuello del útero,
y en el momento de la ovulación se hace más abundante, transparente y filante.
En este momento, el más fértil del ciclo, el moco cervical, posee las
características más idóneas para que los espermatozoides puedan viajar
a través de él y es el momento más adecuado para tener relaciones sexuales
si usted desea quedar embarazada.
En el momento de la ovulación, el folículo se rompe y el óvulo es
captado por la trompa de falopio, donde puede ocurrir la fertilización,
en un lapso de 24 horas. Si el óvulo no es fertilizado, es reabsorbido
por el organismo. El óvulo fertilizado, llamado cigoto, posee la
información genética de ambos padres en dos núcleos, que se fusionan
en uno. Horas después comienza un proceso de divisiones celulares,
formándose un embrión de 2,4, 8, 16 células. La estructura siguiente,
mórula, se transformará en un blastocisto, que contiene cientos de
células. En este estadío se implantará en el útero, alrededor de 5 días
después de la ovulación.

La fase luteal comienza, una vez que el folículo se rompe, y se
transforma en el cuerpo lúteo. Esta estructura secreta grandes
cantidades de progesterona, hormona que prepara al endometrio,
la capa que recubre al útero, para recibir al blastocisto en las
mejores condiciones para su implantación. El blastocisto comienza
a diferenciarse: una parte forma al embrión propiamente dicho, y
la otra la placenta. Esta última secreta una hormona llamada
gonadotrofina coriónica humana (b-hCG), que podrá detectarse en
un examen de sangre u orina para confirmar el embarazo.
Enviado por: Estrella Rosemberg, MSc y Maria Teresa Olivieri, MSc
Biólogas especializadas en reproducción humana

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